Como una novela de thriller
psicológico, cuando parecía que el caso Snowden
parecía estar démodé y había dado todos los titulares espectaculares
que podía, surge un nuevo giro de tuerca en el argumento y confirmamos lo que muchos
ya sospechábamos: el espionaje de NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados
Unidos) no se limitó a personajes,
líderes y jefes de gobierno de diversos estados alrededor del mundo, hecho bastante
grave, sino que además realizó una exhaustiva cacería para el manejo y
adquisición de los metadatos de millones de ciudadanos comunes que utilizamos a
diario los buscadores de Yahoo! y Google.
Es en este punto en que el desarrollo
tecnológico acelerado de las últimas tres décadas y los derechos humanos se
cruzan, o más bien tienden a chocar irremediablemente. Nos encontramos en un momento histórico dónde los derechos humanos buscan
ser respetados al máximo, y el derecho a la privacidad y la protección de los
datos personales es una temática recurrente e importante, al punto de que en julio de este año Frank La Rue, relator
especial de la ONU sobre la libertad de expresión, señaló en un informe la
necesidad urgente de estudiar la capacidad de
injerencia en el ámbito de la
privacidad por parte de los gobiernos.
Usted puede haber llegado a este punto y
pensar, OK y ¿qué demonios tiene eso que ver conmigo si yo uso la red con fines
de comunicación personal y de entretenimiento?, ¿y a mi que me imorta si no soy
miembro del EPR, Al Qaeda o las FARC?
Para responder tenemos que hacer un pequeño
repaso de la red y sus implicaciones. Recordemos que la aparición de cada una
de las tecnologías de la comunicación (radio, periódico, televisión cine,
internet, etc.) ha traído consecuencias positivas y negativas, en otras
palabras han afectado la forma en que nuestra sociedad se conforma. Política,
socialización, comercio y entretenimiento, todo queda tocado por el desarrollo
pero nunca antes había ocurrido en la escala y velocidad como con la web.
Internet afectó de forma profunda la capacidad
de conocer el arte, la ciencia, la política y la economía de nuestra ciudad,
país o planeta. Pero al mismo tiempo nos ha puesto un enorme tiro al blanco en
nuestro pecho, entre más conectada esté unapersona uno más expuesta se encuentra
a que existan invasiones a su privacidad, espionaje de grupos criminales o
terroristas, o, peor aún, de gobiernos de cualquier parte del mundo.
Pensar que exista la posibilidad de que gente
equivocada o malintencionada sepa quién es usted, que hace, cuáles son sus
gustos y consumos, la capacidad e historial crediticio o político o académico deja
un escalofrío en la espalda.
Imaginemos que usted es un espía de la NSA en
busca de posibles terroristas y abra el historial de navegación de su propia computadora
como si fuera el de alguien más, un sospechoso de actividades ilegales. Seguro
se sorprenderá de no recordar toda la información que contiene y las
implicaciones que podríamos sacar con un poco de malicia.
Ahí están todos los sitios que visita (tiendas
en línea, partidos políticos, ONG´s, sitios de películas de todo tipo),
noticias que recibe (¿por qué lee la Silla Rota.com o la BBC o Clarín?), los tweets que postea (en uno se
queja del gobierno y los baches de la calle, en otro critica la miscelánea
fiscal, y uno más de apoyo a una organización política o religiosa), y
podríamos seguir y seguir. El destino de la vigilancia gubernamental ya nos
alcanzó y no es un gran hermano totalitario, sino que tiene la forma de un
subcontratista de look hipster que parece adicto a los juegos en línea y las
redes sociales, tiene cara de Edward Snowden y sabe más de usted que nadie.
Para los gobiernos y las empresas, como
señaló la canciller alemana Angela Merkel, puede significar desde un uso
desleal de información para la competencia mercantil hasta la posibilidad de
vulnerar la economía o seguridad de un
país completo, es decir una guerra tecnológica de implicaciones funestas.
En cuanto a nosotros los ciudadanos de a pie,
implica que quizá alguien pueda acceder a nuestras cuentas de banco en línea,
que nos inunden con información manipulada o falsa sobre cualquier asunto
político o económico, que creen una imagen falsa o distorsionada de cualquiera
de nosotros si somos periodistas,
activistas o simples ciudadanos incómodos para los intereses de quién tiene en
su poder la red y su tráfico de metadatos.
Antes pensábamos, como George Orwell en su
novela 1984, que era necesario que existiera un estado de
corte fascista o una gran decadencia social para que el control del gobierno de
todas las facetas de la vida social fuera realidad, pero la información
revelada por Snowden nos ha dejado claro que en esta época solo se necesitan
programas computacionales de espionaje como PRISM y XKEYSCORE y los recursos suficientes para que pasemos de
la fantasía a una realidad cercana.
¿A usted le gustaría que todo lo que hace en
la red se sepa?
eduardohiguerabonfil@gmail.com
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