domingo, 3 de noviembre de 2013

Columna publicada en La Silla Rota.com 3 / nov / 2013




Como una novela  de  thriller psicológico, cuando parecía que el caso Snowden  parecía estar démodé y  había dado todos los titulares espectaculares que podía, surge un nuevo giro de tuerca en el argumento y confirmamos lo que muchos ya sospechábamos: el espionaje de NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) no se limitó a  personajes, líderes y jefes de gobierno de diversos estados alrededor del mundo, hecho bastante grave, sino que además realizó una exhaustiva cacería para el manejo y adquisición de los metadatos de millones de ciudadanos comunes que utilizamos a diario los buscadores de Yahoo! y Google.

Es en este punto en que el desarrollo tecnológico acelerado de las últimas tres décadas y los derechos humanos se cruzan, o más bien tienden a chocar irremediablemente. Nos encontramos en un momento histórico dónde los derechos humanos buscan ser respetados al máximo, y el derecho a la privacidad y la protección de los datos personales es una temática recurrente e importante, al punto de que  en julio de este año Frank La Rue, relator especial de la ONU sobre la libertad de expresión, señaló en un informe la necesidad urgente de estudiar la capacidad de  injerencia  en el ámbito de la privacidad por parte de  los gobiernos.

Usted puede haber llegado a este punto y pensar, OK y ¿qué demonios tiene eso que ver conmigo si yo uso la red con fines de comunicación personal y de entretenimiento?, ¿y a mi que me imorta si no soy miembro del EPR, Al Qaeda o las FARC?

Para responder tenemos que hacer un pequeño repaso de la red y sus implicaciones. Recordemos que la aparición de cada una de las tecnologías de la comunicación (radio, periódico, televisión cine, internet, etc.) ha traído consecuencias positivas y negativas, en otras palabras han afectado la forma en que nuestra sociedad se conforma. Política, socialización, comercio y entretenimiento, todo queda tocado por el desarrollo pero nunca antes había ocurrido en la escala y velocidad como con la web.

Internet afectó de forma profunda la capacidad de conocer el arte, la ciencia, la política y la economía de nuestra ciudad, país o planeta. Pero al mismo tiempo nos ha puesto un enorme tiro al blanco en nuestro pecho, entre más conectada esté unapersona uno más expuesta se encuentra a que existan invasiones a su privacidad, espionaje de grupos criminales o terroristas, o, peor aún, de gobiernos de cualquier parte del mundo.

Pensar que exista la posibilidad de que gente equivocada o malintencionada sepa quién es usted, que hace, cuáles son sus gustos y consumos, la capacidad e historial crediticio o político o académico deja un escalofrío en la espalda.

Imaginemos que usted es un espía de la NSA en busca de posibles terroristas y abra el historial de navegación de su propia computadora como si fuera el de alguien más, un sospechoso de actividades ilegales. Seguro se sorprenderá de no recordar toda la información que contiene y las implicaciones que podríamos sacar con un poco de malicia. 

Ahí están todos los sitios que visita (tiendas en línea, partidos políticos, ONG´s, sitios de películas de todo tipo), noticias que recibe (¿por qué lee la Silla Rota.com o la BBC o  Clarín?), los tweets que postea (en uno se queja del gobierno y los baches de la calle, en otro critica la miscelánea fiscal, y uno más de apoyo a una organización política o religiosa), y podríamos seguir y seguir. El destino de la vigilancia gubernamental ya nos alcanzó y no es un gran hermano totalitario, sino que tiene la forma de un subcontratista de look hipster que parece adicto a los juegos en línea y las redes sociales, tiene cara de Edward Snowden y sabe más de usted que nadie.

Para los gobiernos y las empresas, como señaló la canciller alemana Angela Merkel, puede significar desde un uso desleal de información para la competencia mercantil hasta la posibilidad de vulnerar la economía  o seguridad de un país completo, es decir una guerra tecnológica de implicaciones funestas.

En cuanto a nosotros los ciudadanos de a pie, implica que quizá alguien pueda acceder a nuestras cuentas de banco en línea, que nos inunden con información manipulada o falsa sobre cualquier asunto político o económico, que creen una imagen falsa o distorsionada de cualquiera de nosotros si  somos periodistas, activistas o simples ciudadanos incómodos para los intereses de quién tiene en su poder la red y su tráfico de metadatos.

Antes pensábamos, como George Orwell en su novela 1984,  que era necesario que existiera un estado de corte fascista o una gran decadencia social para que el control del gobierno de todas las facetas de la vida social fuera realidad, pero la información revelada por Snowden nos ha dejado claro que en esta época solo se necesitan programas computacionales de espionaje como PRISM y XKEYSCORE  y los recursos suficientes para que pasemos de la fantasía a una realidad cercana.

¿A usted le gustaría que todo lo que hace en la red se sepa?

eduardohiguerabonfil@gmail.com

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