jueves, 27 de febrero de 2014

PUBLICADO EN LA SILLA ROTA.COM 01022014




En ocasiones las personas que dedicamos nuestros esfuerzos a analizar y tratar de comprender nuestro entorno tenemos momentos de esperanza y de alivio.  

La semana que culmina trajo uno de estos momentos memorables, ya que ocurrió un hecho jurídico de suma importancia para todos los que consideramos que la libertad de expresión es un elemento indispensable en una sociedad democrática. Esto al dictarse la sentencia favorable a los realizadores y el protagonista del documental Presunto Culpable (Hernández, 2008) en el caso en el que enfrentaban una demanda multimillonaria.

La historia de claroscuros del documental mexicano que ha logrado la mayor asistencia de público a las salas de cine de la historia está lejos de terminar, ya que aún falta por emitirse sentencias en otros juicios relacionados pero, en palabras de Layda Negrete productora de esta obra cinematográfica,“el centro de gravedad de los litigios eran estos dos casos” por lo que las perspectivas de calvario se ha reducido drásticamente.

En una conversación que sostuvimos el día de ayer, la productora insistió en la importancia que esta decisión, junto con el proceso legal y social que lo acompañaron, significa para los mexicanos.  “Es un triunfo para nosotros  y establece un precedente en la defensa de la libertad de expresión”.

Si revisamos la historia detrás de esta declaración se puede comprender con facilidad su profundidad.

Tras acaparar la atención del público a lo largo y ancho del país y recolectar algunos premios por su realización, el equipo de abogados documentalistas que llevaron a cabo el inédito ejercicio de seguir un proceso penal con cámaras y micrófonos se vio obligado a defender su trabajo y su bienestar, esto al ser demandados por uso indebido de las imágenes  concernientes al caso y por el hostigamiento de un policía judicial, el cual también se encontró retratado de cuerpo entero en la película.

Enfática, Negrete me dijo que se logró un juicio imparcial gracias a la discusión pública y las manifestaciones en los medios de comunicación que mostraban lo que estaba en juego y la toma de posiciones de varios sectores sociales y de los mismos medios.   De acuerdo con ella no se tuvo un buen inicio de demanda ya que la actitud de las autoridades del TSJDF parecía seguir una consigna. Algo que pareció demostrado con las actitudes de la primera juez a cargo del caso, quien ordenó un juicio a puertas cerradas sin posibilidad de ser grabado y emitió su opinión a priori al declarar que la película se “pasó de la raya”. A larga esta polémica en medios fue la que llevó a la remoción de la juez original del caso y su sustitución por un impartidor de justicia sin tales prejuicios.

 “No fue un juicio entre partes de una demanda, sino un juicio que determinó el derecho de libre expresión de los ciudadanos frente la autoridad ineficiente y que ponía en tela de juicio el concepto de crítica  a los procesos opacos que se llevan a cabo en casos como el que se maneja en nuestra película”, expresó Negrete con completa convicción.

La cuestión de si se trataba de una vendetta dirigida desde las más altas esferas de la judicatura de la capital mexicana no es menor, y siempre quedará como una mancha que no puede ser del todo lavada en la historia de censura del cine en nuestro país. 

La demanda de tres mil millones que pendía sobre la cabeza de los Presuntos Culpables gang, como podría haberse llamado a los demandados en un ejercicio de humor negro, era una amenaza contra toda la comunidad cinematográfica y audiovisual de nuestro país. ¿Quién en su sano juicio hubiera intentado realizar obras semejantes en adelante si podían perder todo patrimonio y correr el riesgo de ir a parar a la cárcel por dar a conocer hechos turbios en las esferas del poder judicial de la capital? 

Y bajo esta amenaza se encontraban incluidos  exhibidores, distribuidores y quizá hasta los compradores y usuarios de la misma película, al abarcar en la misma demanda una prohibición a su venta y distribución comercial. Algo que también podría  llevar a la censura  de las opiniones personales.

Quizá suena exagerado a sus oídos esto, pero la realidad es que las conductas de censura y delimitación autoritaria de los derechos fundamentales de las personas por parte de las autoridades no son fáciles de detener  una vez que se inicia este tipo de acciones. Sólo hay que dar una rápida revisión a casos similares en la historia para darnos plena cuenta de esto.
Lo siguiente que hubiera  podido ocurrir es que no se pudieran trasmitir noticias, sin pedir permiso a los involucrados o los mencionados. O quizá no podríamos  saber que ocurre en nuestra sociedad a través de los medios de comunicación al ser activada una profunda autocensura por parte de las compañías que no pueden arriesgarse a perder miles de millones por realizar su actividad de información que, dicho sea de paso, se encuentra oficialmente garantizada por la Constitución Política que nos rige.

O tan simple como esto, sí el sentido del fallo en este caso hubiera sido diferente yo no podría, con el tiempo, escribir esta columna y expresar lo que a mi juicio es razonable y justo en este tipo de situaciones.

Me uno a la celebración que muchos realizan esta semana y digo con completo convencimiento que es una semana especial, de esas que deberían suceder más seguido, una semana para documentar.



martes, 28 de enero de 2014

PUBLICADO EN LA SILLAROTA.COM 25012014



Cada sociedad humana que ha existido genera sus propios códigos que marcan diferencias y establecen roles entre sus miembros. Por ejemplo, los aztecas y muchas sociedades del México prehispánico se dividían en funciones: Una parte de la sociedad trabajaba el campo y generaba bienes para el uso de la sociedad; otra parte se encargaba de mantener la cohesión religiosa y generaban el conocimiento científico en general; una más  la fuerza militar que era un factor decisivo para no sucumbir y desparecer ante otros grupos sociales y una más se encargaba de gobernar. En este caso el pertenecer a cada grupo generaba obligaciones, privilegios (derechos que no compartían con otros, más bien), y posibilidades de progreso individual.

En los dos siglos pasados existió una fuerte corriente de pensamiento, que muchos identifican como “modernidad”, en cuyo centro descansaba la idea de la igualdad y la masificación. Los derechos de las personas se volvieron universales, la salud a través de la ciencia se perfiló de la misma forma, el derecho a la participación política y social a través del voto se cristalizó y podríamos seguir mencionando otras áreas modernistas y unificadoras. El gran diferenciador fue entonces el dinero. Uno podía subir y bajar en la escala social dependiendo del ingreso que tuviera, los negocios que lograra o los bienes que acumulara, provocando la diferenciación que antes creaba el mero hecho de nacer en tal o cual barrio o familia.

Y esta situación también ha ido cambiando, de hecho está cambiando en nuestros días. Desde que  las sociedades pasaron a ser postindustriales, postmodernas e hipermodernas el gran diferenciador es la información y no tanto el dinero per se. Si uno tiene un acceso libre y positivo a la información, afirman ciertos postulados optimistas,  la posibilidad de que una persona o un país obtengan dinero, trabajo y bienestar se incrementa muchísimo aún si no cuentan  al inicio con tantos recursos económicos como era necesario en el pasado. Y por supuesto, dicen los tecnooptimistas,  la información genera conocimiento y este conocimiento genera posibilidades  y así logramos un maravilloso círculo virtuoso gracias a las TIC´s y la democratización informática en beneficio de todos.

Hasta aquí todo suena bastante bonito y divertido, sin embargo dentro de esta visión, como en todas  las utopías, se esconden algunos aspectos oscuros y tentadoramente autoritarios. Y esta semana la declaración de Karsten Gerloff,  presidente de la Fundación de Software Libre de Europa (FSFE), acerca de que las compañías que manejan las redes sociales ven a los usuarios como productos y no como personas, además de que apoyan a los gobiernos que los espían, y su apocalíptico escenario de desaparición de Facebook nos acerca a algunas de estas zonas oscuras.

Gerloff es la cabeza visible de una organización que ejemplifica la batalla que la sociedad de la información ha desatado y que determinará cual será el rostro y forma de la sociedad tecnológica del futuro. Por un lado encontramos a gobiernos, corporaciones tecnológicas valuadas en billones de dólares y muchos intereses comerciales y de seguridad. Estas fuerzas pugnan por mantener un esquema parecido al que la producción industrial construyó en su momento: una(s) compañía(s) desarrolla, construye y comercializa la tecnología  que permite el funcionamiento de los modernos canales de comunicación e información: desde la TV y radio tradicionales, hasta tablets, aplicaciones, smartphones y software. De esto surge una ganancia económica y derechos de uso y propiedad intelectual y una diferencia socialmente marcada: los usuarios y los dueños de la tecnología que los primeros utilizan.

Por el otro bando encontramos algunos organismos internacionales, estudiosos y principalmente grupos sociales organizados que propugnan por una sociedad de la información y el conocimiento libre, entendiendo eso sin restricciones en el uso de las tecnologías y su uso, sin que eso genere nuevo magnates ni concentraciones de poder a través de esquemas de acumulación especulativa y obsolescencia tecnológica. De esta visión surgen Anonimous, la FSFE, el informe MacBride (que ya cumplió más de 30 años) y muchos grupos de hackers, ciberanarquistas y opositores al copyrigth aplicado a las TIC´s. 

Para ellos el peligro que se cierne es el de una pesadilla distópica al estilo de la novela 1984, o dicho con un ejemplo claro, que nadie ni nada pueda salvarse del control de las corporaciones y el estado a raíz de nuestra dependencia tecnológica permanente.

Como siempre ocurre en estos debates deterministas ambas visiones tienes exageraciones y puntos criticables, pero coinciden en un punto. Lo que marcará la diferencia en la sociedad del futuro será el acceso que se tenga a la tecnología, el conocimiento y la información. Lo que resulte de esta lucha  marcará la libertad de comercio y negocio, la creatividad artística en función de su distribución y la capacidad de generar una imagen del mundo por parte de las personas, pues podría depender de acceder a noticias e información previamente aprobadas o censuradas.

Por eso es tan importante el dilema Facebook. Esta red social es el icono  de lo que sucede y puede ocurrir en los próximos lustros. Si llega a desaparecer, si se mantiene vigente, si continúa como un negocio redituable, si es una fuente de información e inteligencia para los gobiernos, si se transforma en algo completa mente nuevo y de acceso y uso libre. Cada una de estas posibilidades afectará el paisaje cultural humano como antes lo hacían las presas en los valles, con sus consecuencias positivas y negativas inexorables.

Así que cuando algún protagonista de esta lucha por la información anuncia el fin de Facebook y Twitter no solo pone en riesgo nuestra fuente de esparcimiento y chismorreo, sino que plantea un dilema ético, económico (entre ambos se acercan a un valor de 80 mil millones de dólares) y tecnológico de proporciones mundiales, al que no podemos estar ajenos.

Por lo pronto, más allá de estas consideraciones,yo no quiero que desaparezcan estas dos redes sociales. Aun me faltan demasiados niveles de Candy Crush Saga y de Clash of Clans por avanzar y necesito una red social donde postear y presumir mis avances en estos juegos en línea.

¿O acaso alguien conoce algún software de acceso libre de estos juegos?




Este es el motivo por el que Facebook va a desaparecer

martes, 7 de enero de 2014

2013 el año de las incógnitas




En la edad media el conocimiento del mundo era tan limitado que los cartógrafos, profesionales-artesanos encargados de dar forma al mundo más allá de nuestra vista,  se encontraban obligados a realizar mapas incompletos, obligados a usar  datos que algunos exploradores imaginativos o las leyendas les proporcionaban la tradición y los viajeros poco confiables para llenar los gigantescos huecos de información con los que se veían obligados a trabajar.

Así que cuando hoy día miramos aquellos mapas los encontramos más parecidos a un libro  de literatura fantástica plagado de leviatanes, krakens, tierras inexistentes o por lo menos totalmente equivocadas en sus descripciones de los pueblos que las habitaban y lugares donde se encontraban.

Así  en un mapa de aquellos tiempos podíamos encontrar Lemuria, la Atlántida y la fuente de la eterna juventud al igual que Europa, París y Roma; la tierra del Dorado y las islas de las sirenas caníbales  junto con América o el Cabo de buena esperanza, y en el peor de los casos el Olimpo o cualquier otra residencia de dioses y demonios en la tierra a dos pasos de alguna ciudad importante. En el caso de los cartógrafos más honestos simplemente ponían en esas zonas desconocidas una leyenda que lo explicaba todo en dos palabras: “terra incognita”.

Aparentemente esto es historia antigua al encontrarnos en una época donde vivimos con la información instantánea y la tecnología que aparentemente pone todos los datos de todos los temas en nuestras manos no existen tales huecos y los mapas antiguos pertenecen a territorio de la anécdota. Sin embargo el año que acaba de pasar se siente como un viaje hacia aquel pasado lleno de incertidumbre y nos deja en la misma posición de los antiguos dibujantes de mapas  que no sabían cómo realizar su tarea sin recurrir a los recursos fantásticos o la aceptación de su ignorancia.

Desde el inicio de 2013 nos hemos encontrado en México con una gran variedad eventos inéditos o por lo menos que habían caído en aparente olvido al instaurarse la alternancia democrática, Esto ha hecho que muchos de nuestros  pronósticos  y análisis se conviertan en tanteos en busca de la dirección correcta, o mejor dicho nos hemos visto obligados a entrar en la terra incognita de situaciones políticas y económicas que  no esperábamos y debemos interpretar con cuidado para no caer en el error de crear minotauros, hadas o Camelots para después aceptar que nos equivocamos o quedar profundamente decepcionados.

Con la llegada de una nueva alternancia en el gobierno federal, que devolvió al PRI a los Pinos después de doce años, las sorpresas se han ido acumulando. La primera es, por supuesto, la conformación del Pacto por México, que prometía terminar con la inmovilidad política que estrangulaba al país y prometía un mínimo grado de concordia  entre los principales actores políticos.
La segunda gran sorpresa nos la dio el accidentado pero constante cumplimento de su contenido, en el cual se prometían cosas que hace dos o tres años hubieran sonado a novela de política al mejor estilo de la canción de Chava Flores: “a qué le tiras cuando sueñas mexicano…”

Dentro del acuerdo se sembraron las ideas e intenciones de los partidos principales para continuar construyendo el inesperado paraje donde comenzamos avivir, un  año después. Ahí encontramos los primeros trazos de las Reformas hacendaria, educativa y energética. Y a pesar de las diferencias siempre expresadas en el pasado, los presidentes del PRI, PAN y PRD realizaron un compromiso político que no fue letra muerta y se pusieron a gestionarlo y llevarlo adelante, a pesar de las presiones y las diferentes interpretaciones y cuestionamientos que esto les acarreó dentro y fuera de su respectivo partido.

Y nuestra novedad nacional se reforzó con muchos eventos que siguieron. Alianzas en el congreso PRI-PRD para unas reformas y PRI-PAN para otras, caída estrepitosa de la todopoderosa líder magisterial (algo inesperado pero históricamente acorde con el gobierno priísta de turno); la elegante aceptación de los panistas de su rol de opositores; el apagón informativo que se acordó para evitar un clima de histeria mediática.

Todo nos ha llevado al territorio más desconocido que hemos pisado los mexicanos en casi 20 años, desde que las elecciones del ´88 nos hicieran sentir que todo podía cambiar y nos trajeron la incertidumbre como modelo de vida nacional.

Lo importante es que este año, el 2014, deje de ser un año de sorpresas y de incógnitas. Los mapas medievales fueron cayendo en el desuso y la obsolescencia debido a que los exploradores, conquistadores y aventureros de Europa fueron cada vez más lejos en el mar y en la tierra. La incógnita de lo que había en el mundo se fue reduciendo lenta y constantemente y los mapas se volvieron una ciencia cada vez más precisa y hasta matemática.

Eso es lo que deberíamos poner como destino en este año para los mexicanos, una misión de conocimiento y reconocimiento. ¿Existen las quimeras maravillosas que nos prometen los cambios que llevaron adelante los políticos?, ¿en realidad hay monstruos indomables más allá del horizonte?, ¿Seremos nuevamente el país del mañana y dejaremos pasar esta oportunidad de averiguar lo que sucede en la tierra que nos tocó vivir?, ¿o nos conformaremos con ver “terra incognita” en todos los aspectos de nuestra vida nacional?

Yo prefiero caminar para ir borrando esas palabras del mapa de México.




jueves, 19 de diciembre de 2013

PUBLICADO EN LA SILLA ROTA.COM (14122013)

Mientras pasa el desfile 

El ritmo de cierre de año en la actividad legislativa ha sido, para sus estándares de entrega de resultados, vertiginoso.
Entre otras importantes modificaciones y promulgaciones que se han hecho en el Congreso de la Unión destacan dos de ellas debido a la creciente exacerbación dentro y fuera del círculo rojo, llegando a afectar tato al imaginario colectivo del “pueblo” (lo que quiera decir esa palabra tan sobada hoy en día) como entre los círculos intelectuales.

Tanto la Reforma Energética como la Política merecen un tratamiento individual y profundo por lo que, de momento, me concentraré en algunos aspectos que han sido poco analizado de la reforma electoral: el papel de quiénes que nos ha traído hasta este punto.

¿Por qué presenciamos el fin del IFE y un convulsionado surgimiento del INE? La respuesta, en gran medida, se apoya en tres ejes: por el golpeteo erosionador de una alianza político-mediática, por la pasividad de los ciudadanos y por la confusión en los roles institucionales.

El IFE no es ni fue perfecto e inmaculado. Siempre ha tenido cuestionamientos de todo tipo, sin embargo desde que se implementó la reforma constitucional y política de 2007-2008  (cuando se intentó terminar con el negocio de la venta de espacios propagandísticos en medios de información) el aumento de la presión por parte de los políticos y el oligopolio mediático creció exponencialmente.

Pasamos de tener un IFE respetado a uno vilipendiado y acosado por sus gastos;  a la exposición de sueldos y prebendas; a cuestionar los resultados y su imparcialidad, y en particular a ser intervenido cada vez más por los poderes políticos que debían someterse a sus determinaciones. Así hemos visto que los partidos políticos,  los medios de comunicación dominantes y ahora los poderes Legislativo y Ejecutivo ese entregaron a la tarea de su desmantelamiento. Por esta razón no debe sorprendernos que le hayan dado carpetazo a este Instituto para crear uno nuevo y diferente aprovechando los vientos de cambio que soplan en nuestro país.
 
Sin embargo no podemos responsabilizar de forma exclusiva  a los mencionados, una parte de la misma va a parar de forma directa a la confusión y poca claridad que se tuvo en la última década en los papeles y lugares de cada actor, autoridad e institución involucradas en el sistema electoral mexicano y crearon el ambiente adecuado para lo que hoy sucede.

Tuvimos presidentes electos apoyados en mecanismos fraudulentos de captación de fondos, que en campaña llamaban las decisiones de Tribunales Electorales “marranadas”; Consejeros Electorales que dejaban su puesto mucho antes  de lo que correspondía al cumplir la misión que algún partido político encomendaba; escándalos legales y constitucionales propiciados por el poder legislativo dónde se violaba la autonomía de IFE y no se nombraban los Consejeros en tiempo y forma; libros autobiográficos dónde se exponía la intervención de poderes fácticos y políticos en la selección de los miembros del IFE y nuestro recuento de estos traspapeles y equívocos podría dar más, mucho más.

La cereza del pastel en esto la puso la actual consejera presidenta, al olvidar que en su papel de autoridad imparcial no debe pronunciarse en sus discursos como si solamente fuera una analista o académica y golpeando de manera indirecta a su ya de por si maltrecho Instituto. El asunto es que todos, dentro y fuera del IFE parecen haber cedido al canto fatídico de las sirenas y olvidaron sus roles institucionales al punto de entrar al ring  y el escándalo de la olvidando la necesidad de distinguir sus papeles como una forma de servir al país.

Sin embargo, el factor que más me preocupa es la pasividad demostrada por los ciudadanos de México, que tenemos entre nuestras responsabilidades exigir resultados positivos y vigilar la actuación de los partidos y el gobierno (todos empleados directos o indirectos de nosotros), que tendríamos que estar más interesados en cómo nos afectarán estas nuevas reformas que en el pase al mundial de la selección o la final del torneo de liga.

Nosotros somos los usuarios finales y  deberíamos ser responsables del sistema político económico de nuestro país estableciendo nuestras posiciones claras, así como los mecanismos para hacerlas valer.

Ya veo que más de uno de los lectores estarán riéndose de un servidor entre dientes, expresando frases como “iluso”,  “estúpido”, “es fácil opinar” y otras aún más críticas y duras. Sin Embargo, como demócrata convencido que soy no puedo dejar de cuestionar nuestro papel ante lo que ocurre en nuestra sociedad con nuestra aprobación tácita al  renunciar a nuestras obligaciones.

Nos guste o no el resultado de las reformas actuales es nuestra responsabilidad, en cierto sentido. Con niveles de abstención en las elecciones federales cercanos al 60% del padrón podemos afirmar que los ciudadanos hemos entregado y olvidado que el poder de la democracia como sistema político benéfico  para todos está en participar, al menos el día de las elecciones.

Y lo peor es que en 41 años de vida he visto cambiar los pretextos o razones que damos para que otros decidan pero nunca pensamos que sentarnos a ver pasar el desfile político y sufrir sus consecuencias merece algo más que quejas un eterno “a ver qué pasa” con lo que ocurre en la arena política.

En lo personal no estoy contento con las reformas pero me encuentro aún más molesto de que los mexicanos nos hayamos vuelto el perfecto ejemplo de la cita del historiador  Toynbee: El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.
 
eduardohiguerabonfil@gmail.com
@HigueraB  

martes, 19 de noviembre de 2013

PAJARITO MULTIMILLONARIO



En días pasados una de las redes sociales más famosas e importantes de nuestro tiempo se hizo pública al ingresar a cotización dentro de la bolsa y cualquiera puede comprar  sus acciones. El arranque en la venta de acciones de Twitter (claro que hablamos de esa red social, ¿si no de cuál?) siguió los pasos de Facebook y generó a los más recientes multimillonarios de los social media del siglo XXI.

Ya deberíamos estar acostumbrados a este tipo de acontecimientos, los grandes negocios mediáticos giran cada vez más hacia las redes sociales y las NTIC´s.  Sin embargo el sentimiento de incertidumbre que estas transacciones generan permea aún a todas partes: a los medios tradicionales por la competencia que esto significa, a los inversionistas con memoria de los bancarrotas.com de los noventa y a una población que, en un importante sector, aún no termina de acomodarse a la velocidad vertiginosa del cambio que esto significa.

Pero pongamos en perspectiva esto. ¿Cómo nos afecta a nosotros los ciudadanos de a pie, o ciudadanos de smartphone si prefieren, que un Twitter logre alcanzar 31 mil millones de dólares de valor en sus primeras horas de cotización en la bolsa de valores?, ¿es algo bueno o malo en general?, ¿podemos creer que esta tendencia seguirá y toda red social de éxito terminará cotizando?

Lo primero que debemos tomar en cuenta es que nada asegura que Twitter tenga las estrategias, alianzas y solidez necesaria para mantener el buen paso que ha mostrado hasta ahora. Eso a pesar de que la otra red social de alcance universal en el mundo virtual, o sea Facebook, haya logrado sortear una caída espectacular en el valor de las acciones  que lanzó al volverse pública y haya logrado subir y subir. 
 
Por otra parte, el argumento de que es una de las redes sociales más importantes (en México domina FB pero aproximadamente el 60% de sus usuarios son además poseedores de una cuenta de Twitter) y eso basta para mantenrla a flote y generará ganancias de manera casi mágica no es más que una fantasía. Al salir a subasta pública Twitter se encuentra obligado a responder a criterios de mercado puros y duros, es decir los accionistas esperan dividendos garantizados por las acciones de aquellos que dirigen, al menos hasta hoy, la empresa.

Y esto nos lleva a tocar otro mito de la red. De acuerdo con éste, la web es el reino de la libertad absoluta. Según esta versión el ciberespacio no tiene ataduras de ningún tipo y estamos a salvo de las leyes de los mercados, de los gobiernos y las empresas codiciosas. Cómo ya comentamos en otra columna, eso ha mostrado ser una mentira muy grande. 

Por un lado la NSA ha tenido por años acceso a la información de los usuarios de Google y Yahoo!, ¿qué impide haber buscado seguido y hackeado cuentas de Twitter y realizar perfiles de activistas, periodistas o ciudadanos comunes?Esto también podría aplicar a las empresas y su afán de encontrar más y mejores nichos de mercado como Twitter. 

Pero no caigamos en la paranoia complotista y apelemos a la lógica de una empresa que tiene acciones en el mercado de valores y debe generar ganancias: Twitter se  verá obligado, como Facebook en su momento, a meter cada vez más publicidad, mensajes pagados, estrategias de pay per click con post específicos y muchas cosas más.

El espacio libre de internet se encuentra en proceso de llenarse de anuncios y publicidad, más o menos como sucedió con la Televisión o la radio pero con la diferencia básica de que será un proceso extremadamente dinámico en comparación. La presencia en redes sociales podría terminar costando, como cualquier anuncio publicitario o spot político que trasmite la TV.

Los medios tradicionales, antes llamados masivos,  tardaron décadas para inundar pantallas y estaciones de comerciales. El dinero que mueven llegó a  alcanzar cifras multimillonarias pero hoy en día las ganancias de la TV abierta van en caída. Se estima que el año pasado se dejaron de recaudar casi un 20% de lo que 2011 alcanzó y esa publicidad s encuentra migrando en gran medida a las redes sociales.

Si juntamos todos estos datos el panorama para Twitter no parece bueno. Por un lado se estima que no se mantendrá mucho tiempo en el top de las redes sociales y por el otro estará obligado a cambiar su funcionamiento y perfil de manera drástica en poco tiempo. Esto puede significar que los usuarios más libertarios emigren a cualquiera otra de las redes sociales emergentes que existen y surgen cada día. También podría suceder que, tal como le pasó a la primera versión de Hi5, deje de ser atractiva para los usuarios por la  poca flexibilidad en su plataforma y sufrir una inundación de comerciales que terminen por cansarnos.

El pajarito multimillonario tiene muchos retos encima, y creo que será el verdadero parte aguas de las acciones que seguirán las demás redes sociales, aún más que Facebook, en materia de esquema de negocios.  Sigamos de cerca este proceso, él nos enseñará si la versión del siglo XXI de los millonarios punto com tiene mejores perspectivas que las anteriores.

Yo solo espero que no nos signifique perder nuestras redes y contactos, o tener que pagar por mantenerlos, pues se han vuelto parte de nuestra vida diaria.

@HigueraB